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lunes, 26 de junio de 2017

EL ÚLTIMO GRAN MAESTRE DE LOS TEMPLARIOS

La maldición de Jacques de Molay, el último Gran Maestre de los Templarios


El 18 de marzo de 1314, Jacques de Molay, después de soportar un enorme calvario, encontró la muerte.Era consciente de que el rey de Francia había decidido torturar y finalmente ejecutar a personas inocentes, así que, momentos antes de su muerte, maldijo a los que habían organizado la conspiración.
La Orden de los Templarios, también conocida como los Caballeros Templarios, o la Orden del Templo de Salomón, existió durante casi dos siglos durante la Edad Media. Su historia comenzó alrededor de 1129, y crecieron rápidamente, ya que muchos querían unirse a ese noble grupo de caballeros con sus distintivos mantos blancos decorados con la cruz roja. Fueron hábiles luchadores durante las Cruzadas y estaban bien dotados para las finanzas, lo que los convirtió en una forma temprana de la banca moderna. Los Templarios también fueron grandes constructores de fortificaciones en Europa y Tierra Santa.

El último Gran Maestre de la Orden de los Templarios

Jacques de Molay nació el año 1243. Fue el 23 y el último Gran Maestre de la orden de los Caballeros Templarios. Gobernó la Orden desde el 20 de abril de 1292 y fue su gran reformador.
Hay muchas historias más o menos reales sobre él, pero poca información cierta sobre sus raíces y su vida. Una leyenda dice que durante su viaje por el Camino de Santiago a finales del siglo XIII dejó su espada en el castillo de Ponferrada en España.
Los Templarios lucharon en las cruzadas, lo que les reportó, además de merecida fama, mucho dinero. En aquellos años, ya estaban en boca de todos por poseer un legendario tesoro. Los reyes y la nobleza de Europa envidiaban sus riquezas y algunos incluso pensaron que cuando anduvieron por Oriente Medio los templarios habían redescubierto el tesoro del rey Salomón y se habían apoderado de él.
El rey de Francia, Felipe IV, decidió pedir prestado dinero a la Orden, creyendo que podía hacerlo sin límites. Los templarios eran buenos en la administración del dinero, pero cuando lo prestaban a alguien, esperaban recibir el reembolso más una módica cantidad de interés.
Ese fue el comienzo del fin de los Templarios: Felipe IV de Francia no quiso resarcir su gran deuda con la Orden. En lugar de devolver el dinero a los templarios, decidió aprovechar la situación. Pidió el apoyo del papa Clemente V, y en 1307 muchos miembros de la Orden fueron arrestados en Francia. Comenzaron las torturas para demostrar, con falsas confesiones, que los Templarios eran aliados del Diablo. De Molay fue “despedido” de su cargo por orden del papa Clemente V en ese mismo año.

La Ejecución de los Templarios

Siguiendo las órdenes de Felipe IV, las torturas sobre los templarios se hicieron de la manera más aterradora conocida. Uno por uno, los hombres fueron torturados por la Inquisición Medieval, y dieron falsas confesiones para detener su sufrimiento. Sin embargo, el valiente Gran Maestre se retractó de su confesión y el rey decidió encarcelarlo.

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