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lunes, 30 de enero de 2017

PRIMERAS REPRESENTACIONES ICONOGRÁFICAS (Baja edad media)



LOS NUEVE SE HICIERON CÉLEBRES (ÉPOCA MEDIEVAL)
“Y sé que puedo ser, no sólo los que he dicho, sino todos los doce Pares de Francia, y aún todos los Nueve de la Fama, pues a todas las hazañas que ellos todos juntos y cada uno de por sí hicieron, se aventajarán las mías.” 
El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, capítulo 5, Miguel de Cervantes
De este modo y tras un episodio un tanto embarazoso para el hidalgo, expresaba con gran sentimiento Don Quijote a su vecino, el labrador Pedro Alonso, sus ambiciones de gloria y su valía como caballero. Y es que se comparaba, nada más y nada menos, con los Doce Pares de Francia, que fueron caballeros de Carlomagno, y con los Nueve de la Fama, de los que voy a hablar a continuación; todos ellos representantes del más puro ideal caballeresco medieval, esto es, hombres pertenecientes a la realeza o la nobleza, amables, sabios, leales, fuertes, de noble espíritu y con una buena instrucción adecuada a su oficio. Así los describe Ramón Llull, beato mallorquín que vivió en el siglo XIII, en su obra El libro de la orden de caballería (1275 o 1276), y así es como se forjaría la imagen medieval de esto nueve caballeros, llamados “los de la fama”, grandes hombres vinculados a grandes reinos, familias y hazañas. El mito de los Nueve de la Fama surgió a comienzo del siglo XIV como el personificado motivo que explicaría a los fieles los episodios más cruciales de la historia del cristianismo. Así, ordenados en tres triadas, la literatura medieval presentó a Josué, David y Judas Macabeo, los tres caballeros bíblicos; Héctor, Alejandro Magno y Julio César, los tres paganos; y Arturo, Carlomagno y Godofredo de Bouillion, los caballeros cristianos. Todos, a excepción de Héctor, fueron héroes conquistadores y todos, sin excepción, provenían de reales linajes, siendo famosos por el dominio de las armas y por la gloria y el honor que brindaron a sus naciones. ¿Qué mejor manera de representar a la cristiandad?
Los Nueve de la Fama. Ilustración recogida en el  "Knights Errant", de Thomas de Saluzzos. Siglo XV. Fuente
Los Nueve de la Fama. Ilustración recogida en el “Knights Errant”, de Thomas de Saluzzos. Siglo XV. Fuente
Jacques de Longuyon fue el encargado de que esta leyenda o mito se tornase indispensable a la hora de hablar, escribir o pintar sobre el ideal caballeresco y las virtudes del buen cristiano. Fue aproximadamente entre los años 1312 y 1313, cuando este autor dedicaría a Thiébaut de Bar, obispo de Lieja, su Voeux du Paon, un gran poema encuadrado en los conocidos como cantares de gesta y que supondría la puesta en valor de la historia sobre los Nueve de la Fama [1]. En la simetría de estas tres triadas se ha querido ver su verdadera simbología, pues la antigua religión, el judaísmo, preparó el camino para la nueva, el cristianismo, mientras que el paganismo abrió el camino hacia esta última mediante la creación de la Pax Romana. De este modo, el hombre del Medioevo se veía a sí mismo como el legítimo heredero de la tradición pagana y judía y, por lo tanto, ensalzaba el cristianismo como la plenitud de un plan divino superior. Encuadrado en este mismo siglo XIV aparece en Inglaterra un poema anónimo titulado The Parlament of the Three Ages, escrito probablemente a finales de la centuria, siendo representativo del tema de las tres edades naturales del hombre, la juventud, la madurez y la vejez. Pues bien, en esta obra los conocidos como Nueve de la Fama son retratados como ejemplo vivo de cada uno de los tres estados del hombre, es decir, cada triada – la judía, la pagana y la cristiana – tendrían en cada uno de sus personajes una de estas edades. Es importante destacar esta otra interpretación de los Nueve de la Fama, sobre todo teniendo en cuenta que es otro de los temas iconográficos y literarios que verán la luz en la Baja Edad Media – basta con recordar cómo, en este período del Medioevo, surge uno de los significados más destacados de la iconografía de los Reyes Magos, pues Melchor representaba la vejez, Gaspar la edad adulta y Baltasar la juventud. En esta conjunción entre la visión de las tres edades del hombre y del ideal caballeresco cristiano, se encuentra el verdadero mensaje que las representaciones pictóricas y/o escultóricas de los Nueve de la Fama querían transmitir al fiel, máxime si este pertenecía a una familia de noble cuna.
Conjunto escultórico de los Nueve de la Fama en el antiguo Ayuntamiento de Colonia. Finales del siglo XIV. Fuente
Conjunto escultórico de los Nueve de la Fama en el antiguo Ayuntamiento de Colonia. Finales del siglo XIV. Fuente
Atendiendo en primer lugar a los tres representantes judíos, Josué, hijo de Nun y perteneciente a la tribu de Efraín, conquistó Canaán siguiendo el mandato de Dios; su rigurosa disciplina y su indudable fe en Dios, lo convirtieron en ejemplo a seguir por los caballeros medievales; igualmente, el hecho de que sucediera a Moisés y continuara su obra sin vacilaciones, fue visto en la Edad Media como un símbolo de lealtad feudal. David, rey de Israel, aparece como la personificación de la nobleza caballeresca y como fundador del real linaje del que descendería Jesucristo. El último de estos caballeros del Antiguo Testamento, Judas Macabeo, lideró una rebelión contra las restricciones religiosas que el Imperio Romano había impuesto en Israel, por lo que fue visto por los caballeros medievales como un ejemplo a seguir en la defensa de la verdadera fe. La presencia de tres personajes paganos muestra el conocimiento que a comienzos del siglo XIV se tenía de las fuentes clásicas. Que tanto de Longuyon como el autor del The Parlament of the Three Ages, escogieran a Héctor y no a Aquiles tiene una explicación muy simple, y es que el segundo murió sin descendencia, mientras que Héctor dejó tras de sí una amplia estela de familiares y allegados que continuaron perpetuando su labor. Alejandro, ampliamente conocido por sus conquistas, fue puesto en valor, sin embargo, por su generosidad a la hora de compartir con su pueblo los botines de las mismas; por lo tanto, su generosidad, nobleza y valentía fueron las virtudes tomadas de este personaje. El último de los caballeros paganos es Julio César, que además de destacar, como viene siendo común a todos, por su actividad conquistadora, fue inspiración para los hombres medievales por su coraje y determinación. Por último, los tres famosos caballeros cristianos, a los que en ambas fuentes se les dedica mayor extensión, fueron monarcas conocidos por su valentía a la hora de fundar importantes naciones frente a una dura oposición. El rey Arturo ha sido tradicionalmente considerado como la personificación de la fraternidad y la lealtad, así como por su incuestionable valía a la hora de luchar por imponer sus normas. Carlomagno obtuvo el vínculo con la Iglesia y supo ligar su autoridad y su regla a la de Dios, dando como resultado un período de paz y prosperidad; mientras que Godofredo de Bouillion fue, sin duda, el más exitoso rey en llevar a cabo una cruzada con el fin de restablecer la paz y la seguridad en los lugares sagrados del cristianismo, sobre todo en Jerusalén.
king arturo
Rey Arturo. Tapices de los Nueve de la Fama. Metropolitan Museum de Nueva York. Fuente
Rey Arturo. Tapices de los Nueve de la Fama. Metropolitan Museum de Nueva York. Fuente
Estos nueve personajes pronto hicieron honor a su nombre y en fechas tan tempranas como 1330, el rey Roberto II de Nápoles, apodado el Sabio, encargaba probablemente a Giotto la ejecución de un fresco para la sala maior de su residencia en Castelnuovo, cuyos protagonistas debían ser siete héroes paganos, entre los que se encontraban Héctor, Alejandro y Julio César, y dos judíos, cada uno de los cuales iría acompañado de su correspondiente figura femenina. Si bien es cierto que los personajes no coinciden en su totalidad con los presentados por Jacques de Longuyon unos años antes, parece indudable que el artista del trecento italiano se inspirase en este tema, pero dejando paso a la influencia clásica y local. De manera casi simultánea a la inauguración en Italia de la tradición de los uomini illustri, en Inglaterra, la hija del Conde Guillermo III de Holanda, Felipa de Henao, regalaba a su esposo, el rey Eduardo III, con motivo del año nuevo (1333) un conjunto de piezas que componían un juego de mesa y de entre las cuales destacaba una jarra con las representaciones de Julio César, Carlomagno, Judas Macabeo y el Rey Arturo. Poco más de una década después (1347), el monarca español Pedro III de Aragón, recibía desde Avignon un tapiz en el que aparecían las nueve figuras de los caballeros de la fama; tanto gustó al monarca esta obra, que en 1351 encargaría un segundo tapiz dedicado a este tema y un tercero con la iconografía de los Doce Pares de Francia. Con estos tres ejemplos es mi intención resaltar la rápida difusión que por las principales cortes europeas tuvo este tema y que, a partir de ese momento, no dejaría de aparecer decorando los principales salones y obras de los más destacados personajes del viejo continente.
hectorLa iconografía que desde un principio se escogió para la representación artística de estos nueve caballeros, y que ha permanecido casi intacta a lo largo de los siglos, prestó gran atención a la heráldica, hasta tal punto que en la mayoría de las ocasiones los personajes se diferencian únicamente por sus escudos, pues físicamente se mimetizan y contextualizan con la época de creación de cada obra. Con pequeñas variaciones, dependiendo del país en el que se realice la misma, estos blasones van a presentar siempre las mismas características y para describirlas en este artículo, seguiré lo escrito por Garci Alonso de Torres, cronista y rey de Armas de Fernando el Católico en 1479 y 1496, cuya obra, Blasón d’Armas, se conserva en la Biblioteca de Catalunya y en la que el autor recoge una exhaustiva descripción de los escudos que los Nueve de la Fama portan en sus representaciones pictóricas y escultóricas. Así, siguiendo el orden anteriormente expuesto, los tres representantes judíos se identifican por la siguiente heráldica: Josué portaría un escudo de azur con una tralla de oro, un látigo de cuero provisto de trencilla y que tradicionalmente se ha tomado como su arma representativa; David, por su parte, puede identificarse por las tres cabezas de leopardo o por el arpa, quizá esta última sea la más común, pues conocida fue su habilidad con dicho instrumento; Judas Macabeo tiene como principal símbolo identificativo a tres u ocho merletas que pueden ser de sable o plata. Centrándome ahora en los tres “famosos” paganos, el escudo de Héctor estaría formado por un león, en ocasiones de color rojo, sobre una silla y portando en su zarpa, bien una espada, bien un hacha; Alejandro Magno ha tenido como blasón de referencia un gran león dorado sobre fondo rojo, mientras que Julio César era conocido por su escudo dorado con águila de sable y dos cabezas. En último lugar, el grupo más destacado por la tradición literaria, el de los tres monarcas cristianos: Arturo tuvo como escudo tres coronas doradas sobre fondo colorado, en la mayoría de las ocasiones; Carlomagno y Godofredo de Bouillion presentan los más complicados, al ser ambos escudos partidos en palo; el del primero está formado por las armas imperiales en uno de los lados y las flores de lis francesas en el otro; el que normalmente porta Godofredo recoge las armas de Jerusalén, con la gran cruz dorada y las cuatro crucetas, en uno de los costados y una franja plateada sobre fondo rojo en el otro.
TAPICES
Josué y David. Conjunto de tapices holandeses de los Nueve de la Fama. Metropolitan Museum de Nueva York. Fuente
De esta suerte aparecen representados en las más famosas imágenes medievales que de ellos disponemos en la actualidad. El ejemplo más paradigmático corresponde al conjunto escultórico ubicado en la llamada “Sala Hanseática” del Ayuntamiento de Colonia, fechado a mediados del siglo XIV, o incluso antes, y calificado como una de las primeras obras que los presenta como son conocidos en la actualidad y tal y como los reconoció Jacques de Longuyon. Otro gran ejemplo, me atrevería a decir que de mayor calidad artística, corresponde al conjunto de tapices holandeses ejecutados entre 1400 y 1410 por orden de Jean, duque de Berry, y que actualmente custodia el Metropolitan Museum de Nueva York. Es una obra fantástica a la hora de poner en valor e identificar a los personajes por sus blasones y escudos y no por su indumentaria o físico, puesto que todos ellos visten a la moda bajomedieval y aparecen ubicados en escenas y posiciones muy similares, bajo arquitecturas de inspiración gótica y rodeados de músicos, damas y soldados.
Con todo, es conveniente tener en cuenta que los Nueve de la Fama se convirtió en un tema proclive a la adecuación histórica, esto es, a que tanto los personajes como sus iconografías y símbolos cambiasen en virtud del país o región en el que iban a ser representados. Es por ello que he querido hacer hincapié y describir con precisión cada uno de los escudos que estos grandes caballeros portan en toda representación artística, sea de la época que sea, pues en muchos casos será la única forma de reconocerlos y diferenciar entre héroes locales y los verdaderos Nueve de la Fama.

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