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viernes, 27 de enero de 2017

LOS CÓDICES ILUMINADOS EN LA EDAD MEDIA

 Los códices iluminados en la Edad Media: Los Libros de Horas
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A lo largo de toda la Edad Media existió la costumbre de acompañar de ilustraciones ciertos tipos de textos manuscritos. El siglo XIII marcó un cambio transcendental en las artes del libro, al que contribuyeron una serie de acontecimientos históricos de gran transcendencia, como el nacimiento de las universidades, el patronazgo de las letras por parte de los monarcas y, en general la secularización de todas las actividades relacionadas con la producción y difusión del libro. En lo que se refiere a ilustración, a veces tenían un carácter puramente ornamental y consistían en trazos de procedencia vegetal o animal, más o menos esquematizados, que se distribuían sobre las letras capitales o sobre los márgenes de la escritura. Otras veces, las pinturas formaban escenas figurativas, generalmente explicativas y, por lo tanto, muy vinculadas a los contenidos de los textos. Al principio las figuras rellenaban las letras capitales, pero fue a partir del siglo XIV cuando alcanzaron mayor importancia, y cuya perfección se alcanzó en el siglo XV. Además, la preponderancia en la confección del libro la adquirieron los talleres laicos, que abandonaron en gran parte la producción litúrgica de gran tamaño para uso en los oficios religiosos y acabaron concentrándose especialmente en los libros litúrgicos de uso personal, más pequeños y manejables. En lo que se refiere a la ilustración, se apreció un considerable avance en la concepción estética de la página en su totalidad, de modo que las escenas pictóricas llegaron a ocupar el folio completo.En este ámbito se encuentra uno de los grupos de libros selectos de devoción privada, los llamados libros de horas[1].


De todo el conjunto de libros tanto litúrgicos como devocionales o de rezo, sin duda, será el Libro de Horas el que sobresaldrá como libro de oraciones para los laicos. En él, el fiel podía seguir las oraciones y lecturas que correspondían a los distintos momentos del día, las horae, todos los días de la semana. Según la tradición litúrgica medieval, a cada día le corresponde un Oficio. Junto a estas horas semanales u oficios,  los Libros de Horas contienen dos ciclos iconográficos fundamentales, aunque no únicos: el ciclo de las Horas de la Virgen – o pequeño Oficio de la Virgen María, que encarna el objeto de devoción-, y el ciclo de Horas de la Pasión. Al comienzo de las distintas horas se podía añadir un Calendario con las fiestas litúrgicas del año, que en ocasiones llevaba un zodíaco, y algunas escenas de tradición antigua más o menos renovadas, aunque no necesariamente siempre era así.  En su texto reunían una colección de oraciones derivadas del Breviario, el calendario, la Vida y Pasión de Jesús, el Oficio de la Virgen, los Salmos de David o Salterio; los Salmos penitenciales y el Oficio de difuntos y como una especie de apéndice, el Santoral muy registrado, con oraciones a los Santos de la devoción de un determinado país o región o personales del poseedor del libro o de devoción general.
sdf. Fuente.
Libro de Horas de Isabel la Católica. Fuente.
Al parecer los Libros de Horas, en general, fueron una nueva fórmula de religiosidad y nuevos modos de oración de la Baja Edad Media, mental, más que oral, e individual que permitía una participación más directa de los fieles en la oración, ayudados por su Libro de Hora. Eran devociones con una estructura totalmente desvinculada del ciclo de las fiestas litúrgicas, tenían carácter privado y, por lo tanto, podían incluir textos muy variados, elegidos por el editor o por el cliente siguiendo su propia inclinación. De este modo, los libros de horas no tienen un modelo fijo de estructura, puesto que no cumplían una función litúrgica oficial y, por lo tanto, no sufrieron control ninguno por parte de la Iglesia. Simplemente fueron organizados según los intereses circunstanciales o las tradiciones locales. La falta de un criterio común favoreció que en la composición de los textos abundasen las desigualdades. A pesar de ello, determinados rezos se incluían con más frecuencia que otros.
Los Libros de Horas sugieren la importancia de esta vida de devoción privada, no dominada por la asistencia a la iglesia, lo que se ve confirmado en cada una de sus características: su tamaño pequeño, su escritura (clara, fácil y de atrayente lectura) y sus numerosas imágenes, que servirían para mostrar una parte de esta vida devocional. Se constituyó para uso y posesión de privilegiados: reyes y reinas, aristócratas, alto clero, etc. Muchos de ellos  fueron elaborados al margen de los talleres donde, en el siglo XV, se llegó a una producción masiva que permitió la venta de ejemplares en mercados y talleres de artistas, con lo que pudieron ser adquiridos por mercaderes y otras gentes de nivel social menos elevado. Con la introducción de la imprenta los Libros de Horas alcanzaron una gran difusión[2]. Se hicieron para un público que se arrodillaba en la oración, quedando claro que el inicio de la devoción diaria siempre había que realizarlo en el cuarto y en soledad. Estas gentes laicas, devotas y alfabetizadas, surgidas de una clase adinerada, por lo general comerciantes, y muy apegadas a los bienes materiales, vivían abrumadas por los problemas cotidianos; por ello la posibilidad de disponer de una cámara apartada donde poder acogerse en soledad, la práctica de una lectura en silencio que ayudara a la reflexión y el poder dirigirse a la divinidad de un modo personal e individualizado fueron para ellos pretensiones deseadas como compensación a su régimen de vida.[3] Los Libros de Horas, al ser libros de lujo se decoraban sistemáticamente con bellas capitales y orlas, y también con escenas figurativas. La mayoría de las veces, los ejemplares se hacían siguiendo determinadas diócesis (Horas al uso de Roma, al uso de París, etc.).
El gran éxito de estos Libros de Horas fue originado no solamente por la belleza de sus pinturas, sino también por la costumbre de regalar estos libros a los amigos y parientes; los destinados a grandes personajes para reyes y reinas contribuyen verdaderas obras maestras de su arte.  El Libro de Horas iluminado constituye un fenómeno artístico de doble signo: pictórico y de coleccionismo, pero es también un elemento representativo de los valores religiosos y culturales del Occidente bajomedieval y una expresión más del culto a María, que se impone en los siglos tardomedievales, ya que su núcleo central es el pequeño oficio de la Virgen. Como ya mencionamos, la mayoría de las veces, los Libros de Horas se hacían siguiendo determinadas diócesis; A través de la página digital de la Biblioteca Nacional se pueden observar varios ejemplos.
Existe una tendencia generalizada si no a confundir los Libros de Horas como Breviarios, al menos sí a considerarlos libros muy parecidos, y sin embargo son muy distintos. Estos últimos son libros oficiales de la Iglesia, para uso obligado de eclesiásticos y su rezo no se consideraba un acto de carácter privado sino público. Están compuestos por textos prefijados y controlados por la Iglesia, que son: calendario, salmos, himnos, lecturas extraídas de la Biblia, vidas de santos o escritos de los padres de la Iglesia, oraciones y bendiciones finales.[4]
Libro de Horas de Isabel la Católica. Fuente.
Libro de Horas de Isabel la Católica. Fuente.
En cuanto a su origen, no podemos situarlos de forma exacta, pero la mayoría de los especialistas consideran que se inició en Francia en el siglo XIII, y desde allí se extendería por Europa. Hasta el siglo XIII el Salterio era el libro de piedad de los fieles, ocupando un lugar excepcional en el nacimiento del Libro de Horas posterior, ya que en torno a él se fueron agrupando poco a poco los diferentes elementos que formarán este último. Es en este momento cuando la fórmula predominante es la de Salterio-Libro de Horas siendo reemplazado, por lo general, en el siglo XIV por el Libro de Horas propiamente dicho que alcanzó su plenitud en los siglos XV y primera mitad del XVI, desapareciendo prácticamente a finales de éste. En Europa se conservan un número elevado de libros de horas en todas las grandes Bibliotecas y colecciones europeas. Ejemplo de ello son: Las Muy Ricas Horas del Duque de Berry, del siglo XV (1410-1416), es uno de los Libros de Horas más lujosamente iluminados y uno de los más famosos. Las Bellas Horas del Duque de Berry dan nombre a uno de los manuscritos más prestigiosos de finales de la Edad Media, donde se exponen, con singular relieve, una sucesión de trabajos pictóricos que durante medio siglo marcaron uno de los momentos más inventivos de la pintura occidental. Esta obra maestra de la miniatura flamenca, representa con toda certeza la creación más famosa de todos los tiempos en el campo de la ilustración de libros. Se trata de un códice excepcional, realizado a comienzos del siglo XV por los tres principales miniadores de la época, los hermanos Limbourg, y destinado a ser el orgullo de la biblioteca de Jean de Berry, en la que se guardaban más de trescientas obras maestras, en el Museo Condé de Chantilly.
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"La Anunciación a la Virgen María". En "Las Muy Bellas Horas del Duque de Berry". "Fuente"
“La Anunciación a la Virgen María”. En Las Muy Bellas Horas del Duque de Berry. Fuente
En este sentido, mencionar también las Horae para John Lancaster, Duque de Bedford, hermano de Enrique V (hacia 1414-1435) en el Museo Británico; el libro de horas de Felipe el Bueno (1454) de la Biblioteca Nacional de la Haya; y el de Lorenzo el Magnífico (1490) en la Biblioteca Laurenziana de Florencia.
En el caso de España, se considera que durante el siglo XIV el Libro de Horas fue introduciéndose en la Península Ibérica por importaciones realizadas desde el exterior, principalmente a Cataluña (siglo XIV) y Valencia (a comienzos del XV), y no fue hasta mediados del siglo XV cuando llegó a la Corona de Castilla y a la de Aragón. La mayor parte de los conjuntos de Libros de Horas existentes, proceden de las antiguas colecciones de los monarcas de las Coronas de Castilla y Aragón y de la Casa de Austria, como lo demuestran importantes depósitos de las Bibliotecas de El Escorial, de la Nacional, de Palacio y, de los libros legados por Isabel la Católica a la Capilla Real de Granada, entre otros. Dentro de la colección que posee la Biblioteca del Palacio Real de Madrid destaca el Libro de Horas con las armas de Aragón y Enríquez y, más comúnmente de Isabel la Católica y de Doña Juana la Loca.
En cuanto su declive como objeto de moda y uso religioso, en casi toda Europa fue a finales del siglo XVI, principalmente por dos motivos: por un lado, el final de una forma de coleccionismo, y por otro la reforma litúrgica promovida por el Concilio de Trento. En España habría que añadir un tercer factor que como ya hemos citado pudo influir en la desaparición de este tipo de códices iluminados: la prohibición de los Libros de Horas por la Inquisición. Pero si hoy nos parece sorprendente que estos preciosos códices fueran objeto de persecución en España conviene recordar que algo similar sucedía en la Inglaterra antipapista en donde este tipo de libros se identificaban con Roma.  

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